26 de febrero de 1753
Reconstrucción del puente de Viveros
El Puente de Biveros efectivamente es cañada real. Su momento de gloria lo tuvo el 2 de Mayo de 1492, Los habitantes de San Sebastián de los Reyes, pararon a los Reyes Católicos para pedirles protección. San Sebastián de los Reyes era población real, de antiguos vecinos de Alcobendas. Alcobendas era de Arias Dávila, y San Sebastián era de Madrid. Este derribo las casas de los Sansebastianeros e hizo unas prisiones que metió en su castillo de Torrejón. Los Reyes les dio la razón a los de Sanse, y ordeno la libertad de los presos.
El puente de Viveros sufrió una reconstrucción importante bajo el reinado de Fernando VI, cuando el 26 de febrero de 1753 fue encargado don Jaime Ort para rehacerla.
Se hicieron nueve arcos tendidos separados por pilas a las que se adosaban contrafuertes coronados por una cubierta a tres aguas formada por lajas superpuestas. Sabemos que en 1770 se arruinó debido al fallo de unas bóvedas y que se llamó a Ventura Rodríguez para su reparación, siendo, finalmente, Marcos de Vierna el encargado de arreglarlo quien lo hizo más ancho y grande.
La puente de Viveros estaba situada sobre el río Jarama en el camino a Alcalá. Era la comunicación con el Nordeste, con la Corona de Aragón. Los puentes tenían una estructura de arcos de medio punto, herencia romana; estos arcos no trasmitían esfuerzos laterales con lo que se construían cada uno de manera independiente de los anexos.
Esta manera de construir era bastante beneficiosa en la época y en las circunstancias que nos encontramos ya que sólo se caía del puente la parte que se encontraba más deteriorada o frágil y no se venía abajo toda la construcción. La reparación era más fácil y el paso por el puente, más o menos dificultoso, siempre era posible.
Las constantes caídas o roturas de los arcos debidas, fundamentalmente, a las avenidas y tormentas pero también a otros motivos, como explicaremos a continuación, daban lugar a que el puente fuera cambiando constantemente sus dimensiones y fisonomía.
Cuando una parte se caía, se volvía a levantar y se tenía la posibilidad de reformar y readaptar el puente a las necesidades del momento. Así pues, los puentes iban sufriendo un sutil pero continuo cambio.
Aprovechando que se tenían que acometer obras de reparación se realizaban otras obras que no eran del todo necesarias pero si servían para mejorarlos; el recrecido de arcos, el ensanchar el migajón o incluso el alargar el puente añadiendo algún arco más son obras que proponen siempre acompañas de las necesarias. En los siglos tardomedievales, la construcción en Madrid estaba en manos de alarifes mudéjares.
No puede equipararse a los alarifes con los actuales albañiles. Bien es cierto que algunos alarifes construían con sus propias manos, pero, pensamos, que es mejor considerar a los alarifes más próximos a los actuales arquitectos.
Tras la conquista cristiana en Madrid, quedo una importante población musulmana, como mudéjar; dentro de este grupo, hubo un número importante de expertos alarifes que fueron los constructores de todas las obras madrileñas. Son bastante nombrados en los finales del siglo XV los alarifes Abrahén de San Salvador y Mohamed de Gormaz, sobre todo en el tema que nos interesa, pues fueron estos maestros los encargados en muchas de las ocasiones de reparar los puentes.

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