Dicen los viejos del lugar, que las fiestas de San Fernando de Henares no son fiestas si no aparece la lluvia en algún momento y el Dios Zeus en este año de minifiestas o de no fiestas, quiso aparecer en forma de agua y viento el último día, el día de la fiesta local, el 31 de mayo.
La tarde bochornosa, bañó de gotas de lluvia y ventisca el tapiz del Real Sitio y consiguió levantar a algunos sanfernandinos de las pocas terrazas que este lunes estaban abiertas.
Dejó el mercado Goyesco casi abandonado, aunque más tarde volvió a animarse, el corral de la comedia se quedó en las tablas y los inventos de otra época se dejaban contemplar por última vez en la Plaza de España.
El escenario que durante el fin de semana nos trajera los ecos de Efecto Pasillo, Tennessee, La Guardia, La Frontera, Danza Invisible y Luis Muñoz, además del taconeo de la Compañía Nieves Jiménez echó su cierre.
El pasaje de la Máquina del Tiempo mantuvo hasta el último momento a aquellos visitantes, que por su horario de trabajo dejaron el recorrido para última hora, sin duda, uno de los momentos de más tranquilidad para deleitarse con fruición, de las historias que los actores de distintas épocas narraban.
No hubo fuegos artificiales, pero sí la lluvia con su retintineo dejó el sonar del traqueteo en las ventanas y los relámpagos, de la forma más natural, adornaron el cielo de San Fernando de Henares, eso sí con el vuelo tranquilo de algún avión sobre el horizonte.
No hubo Pobre de mí, ni Pobre de nosotros, en la plaza de Fernando VI, sola se queda la estatua preguntándose qué es esto de cumplir 275 años.

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