ANTONIO PRIETO LORENZO (1923-1995)
Nació en Zamora, el 2 de mayo de 1923. Cursó los estudios primarios y el bachillerato
en varios pueblos de la provincia, en los cuales sus padres ejercían de
maestros, y en la capital. Fue un estudiante mediocre. Recuerdo que contaba
que, en una etapa concreta, sus padres vivían
y trabajaban en un pueblo a unos 7 kms de Toro, Morales de Toro, y hasta allí
se desplazaba diariamente, con 12 o 13 años, a lomos de Tiburcio, un
burro que tenían.
A los 18 años se hizo Maestro de Primera Enseñanza, y allí comenzó su
cambio trascendental. El mal estudiante se transformó en brillante y, con gran
aprovechamiento, cursó la carrera de Medicina en Madrid, iniciando su andadura
clínica en San Fernando de Henares, donde su padre, Domingo Prieto, (que
también era farmacéutico) había establecido la farmacia que lleva el apellido en 1948, la primera farmacia que hubo en San Fernando y los pueblos de
alrededor.
Y fue aquí, en San Fernando, donde al poco de llegar, en un momento dado
empezaron a aparecer enfermos con una sintomatología variada pero que se
repetía de forma alarmante. Después de examinar numerosos casos, y tras
descartar varias hipótesis, las pruebas diagnósticas pusieron de manifiesto que
había en el pueblo un foco de anquilostomiasis, enfermedad parasitaria tropical
originada por un gusano microscópico que produce serias y variadas alteraciones,
en función del grado de infestación, sobre todo en el aparato digestivo. Transportaba
diariamente en el autobús botellas precintadas con excrementos de los enfermos
para su análisis en el Hospital de San Carlos, donde ejercía la docencia. Trató
a más de quinientas personas, a muchas de las cuales salvó la vida, pues debido
a que era una enfermedad propia de otras latitudes, no se diagnosticaba con
precisión, confundiéndose sus síntomas con los de otras enfermedades.
El trabajo realizado, además de suponerle el cariño y reconocimiento de la
gente, le sirvió para obtener el Doctorado en Medicina (1950), con su tesis “La
Anquilostomiasis en la Huerta del Jarama”, estudio epidemiológico de la
enfermedad en San Fernando y en los pueblos ribereños de Velilla de San Antonio
y Mejorada del Campo, en el cual, aparte de la cuestión patológica propiamente
dicha analiza circunstancias relacionadas con la propagación de la enfermedad,
como son el abastecimiento de aguas, aspectos socio-sanitarios, demográficos,
meteorológicos, etc.
Muchas personas fueron ingresadas y tratadas en el hospital, aunque hay
que destacar también que algunas lo fueron por indicación suya y sin enfermedad
alguna, sólo para sobrevivir en aquellas condiciones tan adversas.
Posteriormente (1955) dejó el ejercicio práctico de la Medicina (nunca del
todo, pues la gente del pueblo no dejaba de consultarle acerca de problemas de
salud y de problemas personales, a todas horas, en la farmacia, en la calle), hizo
oposiciones e ingresó en el Cuerpo Médico de Sanidad Nacional con el número uno
de su promoción. Ocupó, tanto en la antigua Dirección General de Sanidad como
después en el Ministerio, y siempre en concursos de méritos reglamentarios,
puestos destacados. Fue becario de la Real Academia Nacional de Medicina en el
Instituto Pasteur, de París, consultor de la O. M. S. para Guinea Ecuatorial y
perteneció a diversas asociaciones de carácter nacional e internacional.
En San Fernando conoció a Mª Pilar, con quien se casó en 1958.
Tuvo dos hijos.
En 1967 terminó la Licenciatura de Farmacia, y tres años después el
Doctorado. Le hubiera gustado terminar Veterinaria, carrera que con los dos
doctorados habría obtenido en poco tiempo.
De la brillantez de su carrera científica dan cuenta más de 200 publicaciones
y varios libros, alguno de ellos, como “Fiebre Tifoidea y Saneamiento en
España” de 6 tomos, y “Mortalidad por Tumores Malignos” de gran trascendencia, fueron los primeros estudios sistemáticos que se realizaron en España
sobre estas materias.
Obtuvo diversos premios a lo largo de su vida, siendo los más importantes
el de la Diputación de Guipúzcoa, de la Diputación de Madrid y el Premio Rubio
de la Real Academia Nacional de Medicina, así como la Condecoración de la Orden
Nacional del Mérito Carlos J. Finlay y la Encomienda con placa de la Orden
Civil de Sanidad. Por todo ello figuró en diversos diccionarios biográficos
internacionales, como los prestigiosos “Quién es quién en Europa” y “Quién es
quién en el Mundo”, donde sólo aparecen los personajes verdaderamente
relevantes de cada profesión.
A la faceta científica hay que añadir también la literaria: publicó varios
libros de ensayos y numerosos articulos en revistas, y fue miembro numerario de
la Sociedad Española de Médicos Escritores. Era un lector impenitente, lo que
le hizo poseer una enorme cultura. Siempre estuvo orgulloso de su biblioteca, su
bien más preciado, de varios miles de volúmenes.

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