Las entidades financieras del país se han llevado varias reprimendas en los últimos años por parte de los supervisores financieros, que han presionado para rebajen costes, entre otras alternativas, a través del cierre de oficinas, para hacer más eficientes los bancos.
Ahora, la fusión CaixaBank y Bankia va a suponer el cierre de, al menos, 1.400 sucursales, lo que sumadas a las más de 200 que ha cerrado este año el Banco Sabadell, va a situar el número de oficinas en torno a las 22.000. Con esta reducción sube el ratio de sucursal por habitantes, estableciendo que cada oficina atenderá a en torno 2.200 personas.
La cifra aún dista de la media de la UE, pero retira a España como el país con más oficinas de la Unión, mejorando ya los datos de países como Francia o Grecia y acercándose a los niveles de Austria, que tiene una oficina por cada 2.400 habitantes; Luxemburgo, con una sucursal por cada 2.800 personas y, algo más lejano, Alemania, con una oficina bancaria por cada 2.900 usuarios.
Además, cabría esperar que la cifra de oficinas bancarias continuara cayendo en el país si la unión CaixaBank y Bankia sirve, como parece, de revulsivo a otras entidades para que se integren. De hecho, Sabadell se sitúa en el centro de todas las miradas y, su buena evolución en bolsa tras anunciarse la unión de sus dos competidores, evidencian que el mercado considera que el banco de origen catalán será el siguiente en protagonizar una operación.
La entidad llegó a subir hasta un 22% en bolsa desde que se conoció la fusión.

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