Alto, cuesta arriba y con la cara abierta, el primero de Lagunajanda permitió a Fernando Robleño estirarse de capote. Entró en quites con chicuelina, tarallera y media con mucho gusto. El madrileño toreó con poso y relajo en una faena basada en la mano derecha con un toro que humilló y repitió. Lo mató de una estocada y cortó la primera oreja de la feria.
Serio por fuera y por dentro el castaño cuarto. Exigente y que fue a más en la muleta de un Fernando Robleño que le encontró la distancia y la altura, algo nada fácil. Además, embistió con brío y encastado pero sin la entrega que tiene el toro extraordinario. El madrileño cuajó una faena de gran interés, con muletazos largos y ligados. Mató de media en buen sitio y cortó otro trofeo.
Mejor hecho el segundo, más bajo y cerrando la cara, pero nada que tuvo que ver con su hermano. En los primeros tercios embistió de forma incierta e incluso complicó la tarea a los banderilleros. En la muleta, Daniel Luque lo metió en el canasto a base de consentirle y tragar quina. Un pájaro que lo mismo daba una embestida franca, que se quedaba debajo del sobaco. Y lo consiguió el sevillano. Además, lo mató de una estocada fulminante que, por sí misma, valía la oreja que le fue concedida.
Otro toro cornalón, aunque de buenas hechuras, fue el quinto. Daniel Luque firmó un buen quite por chicuelinas y, como el resto de la corrida, el toro se vino arriba en la muleta. El sevillano pudo redimirse del primero de su lote y mostró el buen momento en el que se encuentra. Toreó templado, alargando las embestidas y conectado con el respetable. Cerró con sus habituales luquesinas y mató de media, que necesitó del descabello. Oreja tras aviso.
El tercero cerraba la cara pero tenía expresión de seriedad. No estuvo el astado claro en los primeros tercios, donde sobresalieron dos tremendos pares de banderillas de Jesús Herrero, que saludó. Una vez solo Javier Herrero con el toro, se dobló con él en el tercio y le hizo romper hacia adelante. El cuellarano cuajó una faena personal, encajada, de un gusto exquisito. En la segunda parte de la faena, con el toro rajándose, le tapó siempre la salida para forjar una faena grande. La media estocada no fue suficiente y necesitó un certero golpe de verduguillo que redujo el premio a una oreja.
Amenazaba lluvia antes de salir el sexto, de finas hechuras. Tuvo empuje en los primeros tercios y se arrancó alegre en la muleta, en la que le dio distancia Javier Herrero en el primer muletazo. Después, al toro le costó tener continuidad y terminó parado. Herrero estuvo por encima del sexto. La espada le dejó sin premio.
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